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Estimado Legislador,
Los mexicanos padecemos un aparato de justicia que no funciona: es oscuro, parcial, prolifera la corrupción y es muy lento. El sistema está organizado para llenar expedientes, no para llegar a la verdad en el menor tiempo posible. Lo que tenemos no satisface ni a víctimas ni a acusados, no satisface a nadie.
Mientras en México sigue descendiendo la confianza en nuestros sistemas de justicia, sabemos de otros países que, viniendo de situaciones similares a la nuestra, Chile y Colombia por ejemplo, han iniciado una transición hacia un sistema oral, público y transparente que empieza a rendir buenos frutos.
Al nivel de los estados, sabemos que Nuevo León y Chihuahua ya han puesto la muestra de que se pueden cambiar las reglas de la justicia. En estas entidades, quienes se resistían al cambio, se han convertido en los más fervientes promotores de la reforma: los jueces. La razón es sencilla, han visto desahogada su carga de trabajo y se han visto revalorados como servidores públicos.
Como ciudadano, como elector, como contribuyente, le exijo que estudie la posibilidad de impulsar cambios de fondo en nuestro sistema de justicia que nos devuelvan la confianza en nuestras autoridades.
Le envío un cordial saludo.
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